Las talentosas arquitectas Carmen Basso, al mando del estudio O2 Basso, y María de Ros han logrado realizar un viaje temporal en la emblemática masía situada en el delta del Ebro, devolviéndole el encanto rural que alguna vez albergó. Este proceso de transformación, como suele suceder en muchas reformas, no empezó con los planes que finalmente se concretaron.
Un proyecto con nuevas direcciones
La familia propietaria, compuesta por dos hijas, en un principio había concebido la idea de llevar a cabo algunas mejoras para disfrutar de la masía como una acogedora segunda residencia. Sin embargo, un cambio de perspectiva llevó a la familia a replantearse por completo su proyecto inicial. Así, lo que comenzó como un simple plan de renovación se metamorfoseó en una profunda rehabilitación que buscaba rescatar el espíritu original del lugar.
La magia del pasado y la innovación del presente
Atraídas por la historia y la esencia del espacio, Basso y de Ros se propusieron un desafío singular: entrelazar el legado arquitectónico de la masía con las necesidades contemporáneas de sus habitantes. Con un enfoque creativo y respetuoso, el equipo dio vida a un proyecto que no solo preserva la memoria del pasado, sino que también abraza la funcionalidad moderna.
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