Fuente de la imagen, Cortesía: María Lourdes Pérez
Un nuevo comienzo interrumpido
María Lourdes Pérez, profundamente anhelante, soñaba con volver a ser madre.
Lo logró a los 41 años, y cinco años después de la llegada de Santiago, nació Gonzalo.
«El mayor siempre fue mi apoyo incondicional, me asistía en todo», dice con nostalgia.
De su hijo menor, de 16 años, compartía: «Era un joven sociable, deseaba participar en todas las actividades».
Ensayando para el futuro
Junto a compañeras del colegio, Gonzalo estaba preparado para deslumbrar en el acto de fin de curso interpretando a Michael Jackson.
María Lourdes le había encargado un traje especial, adornado con lentejuelas, y se estipuló que no lo usara hasta el gran día, cuidando así cada detalle por años de ensayos escolares.
El 24 de junio, escasos días antes del evento, Gonzalo se marchó a ensayar la coreografía con sus amigas, ¡y esta vez, llevó el traje escondido!
Un sismo devastador
A María Lourdes le era familiar la dinámica de los ensayos; a menudo se organizaban en su casa. «Tenían todo preparado para impresionar», dice con ilusión.
Ese miércoles, como era feriado en Venezuela, el Colegio La Merced en Caraballeda estaba cerrado, lo que llevó a las jóvenes al humilde espacio entre el salón de fiestas y la piscina de un edificio en la urbanización Tanaguarena.
Los terremotos
A las 18:04, dos terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 sacudieron brutalmente el norte de Venezuela, dejando un saldo trágico: más de 3.000 fallecidos y muchas decenas de miles de desaparecidos.
María Lourdes recordó con horror el momento en que encontró a su amado hijo, luchando con la vida y la muerte bajo los escombros.
La lucha por recuperar a los suyos
Con determinación, María Lourdes se unió a amigos y familiares en un intento desesperado de rescatar a su hijo.
«Estuve 10 horas tratando de ayudar», relata, con la voz entrecortada. «Finalmente, cuando logramos despejar el camino, su cuerpo yació entre los escombros, privado de vida».
Fuente de la imagen, Cortesía: María Lourdes Pérez
Esperanza y dureza
María Lourdes se aferra a la esperanza. «No me iré de aquí hasta encontrar a las amigas de mi hijo».
Su firmeza es inspiradora en medio de tanto dolor. «Si él estuviera aquí, estaría al lado de sus amigos sin descanso».
El futuro por medio del pasado
La zona devastada ha sido el hogar de María Lourdes, quien lidió con el deslizamiento de Vargas en 1999. «Pensé que jamás viviría otra tragedia, pero aquí estoy, enfrentando lo inimaginable».
El amor por sus hijos es su motor, y quiere que otros sigan disfrutando de la vida sin reservas, pues el tiempo es efímero.
Una lección
En medio de este dolor y caos, la voz de María Lourdes es clara: «Es necesario que aprendamos. Estos desastres pueden ocurrir en cualquier momento».
Los días avanzan, pero la memoria de Gonzalo y Santiago sigue viva en su madre, quien clama por justicia y dignidad en su lucha por encontrar respuesta a su dolor.
