Maricarmen, de 90 años, duerme desde hace cuatro días en una cama de hospital tras ser desahuciada de la que ha sido su casa en Retiro (Madrid) durante siete décadas. Este ha sido el cuarto intento de desalojo, el último exitoso. La empresa Urbagestión compró su piso en 2018 a un precio inusualmente bajo para la zona, precisamente por la condición de su ocupación. Maricarmen, con una pensión de 1.400 euros, siempre ha cumplido con el pago de su alquiler de renta antigua y sus facturas, sumando unos 500 euros mensuales. En 2020, los propietarios le comunicaron que debía abandonar la vivienda, argumentando que el contrato había sido subrogado en dos ocasiones. Desde entonces, han rechazado todas las propuestas recibidas —procedentes de la Administración, particulares y figuras culturales— para cubrir la diferencia del alquiler, por la que le exigían 1.600 euros, o para adquirir el apartamento.
